Sensoralia: La humedad como pegamento literario
¿Cómo se puede escribir sobre algo que los humanos técnicamente no pueden detectar? La humedad es una de las pocas sensaciones que la escritura puede evocar mejor que la experiencia directa.
¿Cómo se puede escribir sobre algo que los humanos técnicamente no pueden detectar?
A diferencia de muchos insectos, los humanos no tenemos higrorreceptores, sensores especializados para detectar la humedad ambiental. En lugar de eso, percibimos la humedad a través de la temperatura, la respiración, el tacto o incluso el olor.
La presencia de la humedad nos inunda y quizá por eso se ha convertido en un recurso fundamental en la escritura.
En otras palabras, la humedad es una de las pocas sensaciones que la escritura puede evocar mejor que la experiencia directa.
Mapeando el sentido: ¿Qué engloba la humedad?
La humedad trae consigo sensaciones táctiles. Por ejemplo: si es fría, se nos pega a los huesos. Si es calurosa, a la piel como una segunda capa.
Además, la humedad puede costar inhalarla o sentirse pesada en la boca. Puede encrespar el cabello, empañar un cristal o traer consigo olores rancios, mohosos, terrosos o húmedos —valga la redundancia.
En otras palabras, esta sensación no es solo perceptible sino que también afecta nuestro estado de ánimo y nivel de comfort.
Llevándolo al papel: ¿Para qué sirve la humedad?
La humedad en la escritura puede jugar un sinnúmero de roles. Desde describir la textura de un pedazo de tela hasta darnos pistas sobre el estado de ánimo de un personaje.
Como mencionamos anteriormente, la humedad afecta nuestro cuerpo al afilar sensaciones térmicas y por tanto podemos utilizarla para dar a entender la temperatura o el clima.
Por lo general, la humedad es incómoda pero también puede utilizarse para lo sensual. Existe una gran diferencia entre la humedad que se genera por el calor entre dos cuerpos a la humedad que proviene de estar en medio de una muchedumbre.
Todos estos elementos nos sirven para caracterizar personajes, lugares y situaciones.
Los maestros en acción: La humedad en la literatura
Macondo es probablemente uno de los lugares ficticios más famosos de la literatura, y García Márquez recurre a la humedad con frecuencia para crear tensión y reflejar el estado psicológico de sus habitantes. Fíjate en este fragmento de "Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo":
"El fresco de la primera mañana empezó a convertirse en una humedad caliente y pastosa..." — Gabriel García Márquez
En contraste, el escritor galés Dylan Thomas utiliza la humedad fría para aportarle una cualidad onírica y marina al pueblo de Llareggub en su pieza de radioteatro "Bajo el bosque lácteo".
"[…] se entretejen en las frías calles marinas como una rica y resbaladiza madeja..." — Dylan Thomas
Por último, también nos podemos fijar en Frankenstein de Mary Shelley, donde la autora se apoya en la humedad para crear atmósferas opresivas que reflejan el peso moral, la persecución y la angustia que atraviesan a Víctor y a la criatura.
"Finalmente llegó la mañana, miserable y húmeda..." — Mary Shelley, Frankenstein
Con estos ejemplos en mente, podrás utilizar la humedad para escribir textos más ricos en caracterización, descripción y tensión.